El riesgo del relato económico

El discurso extremadamente optimista, para la coyuntura que acaba de atravesar el país, que el presidente Mauricio Macri dio ante la Asamblea Legislativa en la apertura del perío­do de Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación pone a la administración de Cambiemos ante el ries­go de convencerse de un relato económico que está muy alejado de la realidad. Los argentinos ya tuvieron que lidiar con la desventura de un Gobierno viviendo en un plano y con un discurso distinto al de la gente. Justamente eso fue lo que, en gran medida, hizo que Macri tuviera éxito en las urnas pese a su muy bajo predicamento social.
En su presentación ante el Par­lamento, el Presidente consideró que el país está “mejor parado” que en el 2015, es decir cuando asumió en la Casa Rosada, algo que por ahora sólo pueden con­firmar los fondos buitre, que tras batallar durante años consiguie­ron cobrar una deuda multimi­llonaria.
Con esta cita, ciertamente po­lémica que quedará en el glosario de frases insólitas como “creci­miento invisible”, Macri aludió al hecho de que las cuentas lucen más ordenadas y se están sentando las bases para un despegue, pero aunque fuera así, ese hecho mueve poco el amperímetro de los sectores más postergados, que han sufrido el impacto de la crisis.
El Gobierno anterior también cayó en esos errores de lectura, cuando Cristina Kirchner estimó que la po­breza rondaba el 5% y los números del Indec dibuja­ban una inflación de un dígito. La ex presidenta llegó a exagerar que Alemania estaba peor que Argentina. Pero ahora gobierna Cambiemos, y con un Indec más creíble el costo de vida llegó a niveles cercanos al 50% en el 2018, se perdieron casi 200 mil empleos en ese año y la pobreza supera el 33%.
Acosados por una escalada tarifaria que parece no tener techo, con alzas imparables en los precios de productos clave como la carne, y subas en los com­bustibles, el clima para los consumidores se vuelve cada vez más irrespirable. En sólo tres meses, el precio del novillo subió 50% en el Mercado de Liniers, como consecuencia de las mayores exportaciones a China, un mercado que podría no tener techo.
El fenómeno le vuelve a dar la razón a quienes im­pulsan la aplicación de más retenciones para los pro­ductos de exportación, como herramienta para poner­le un freno a la suba de precios. El alza en los precios de la carne y en otros rubros clave empuja la inflación de febrero hacia el 4%, y así el primer trimestre po­dría terminar con un costo de vida cercano al 10%, muy lejos de las expectativas del Gobierno. No son pocos los que recuerdan que Macri hizo cam­paña diciendo que “la inflación es la certificación de la incapacidad para gobernar”.
La paradoja es que semejantes niveles de inflación se producen en una economía en la que el Banco Central debe mantener las tasas por las nubes, en el 50%, para tratar de contener al dólar. Aún así, la divisa norteamericana pegó un salto esta semana que la dejó al borde de los 41 pesos. Una inflación prevista de 4% para este mes reactiva la dis­cusión sobre el rol del dólar quieto para apaciguar los precios de los productos exportables y las expectati­vas.
El aguerrido discurso de Macri ante el Congreso de la Nación refleja que la carrera electoral está lanzada, y sólo resta saber si el rival de Cambiemos será Cristi­na Kirchner, o el peronismo se abroquelará detrás de otra figura que permita aglutinar voluntades y tener chances ciertas de recuperar el poder. Para el oficia­lismo, el peor escenario sería que a los problemas so­cioeconómicos se sume una disparada del dólar cuan­do se aproximen las elecciones.
Se trata de la peor pesadilla de Macri, porque termi­naría de sepultar sus chances de reelección.s

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