Blindar las esperanzas

La celebración de la Navidad, que comienza con la Nochebuena que se conmemora hoy, es un tiem­po especial que invita -o debería- a la reflexión. Es verdad que el bullicio, alentado por el consu­mismo que se produce en estas fechas, instala un clima, no siempre verdadero, de bienestar, resulta indispensa­ble escapar a los extremos de superficialidad y buscar un estado de equilibrio, de sana introspección, que permita hacer un balance de lo que se tiene, lo que se ha logrado, y todo aquello que es déficit. Seguramente surgirán defini­ciones que ayudarán a iluminar el camino. Es imprescin­dible saber dónde está parado cada uno y especialmente qué es lo que hay por delante.
Este ejercicio es esencial para blindar la esperanza. Para no caer en el ahogo de las noticias negati­vas, que son muchas, que son rea­les y que los medios casi siempre disparan a mansalva. No se trata de cerrar los ojos, tapar los oídos y vivir distraídos, ajenos, ausentes de lo que sucede, pero todo en la vida necesita de proporciones. Una cuota de optimismo necesariamen­te debe contrapesarse con un baño de realidad. Y en sentido contrario, cualquier evaluación negativa (por muy certera que sea) debe sujetarse a las reglas básicas de la supervivencia con una dosis de esperanza.
Se hace indispensable este equilibrio porque las sen­saciones, que gobiernan la vida de las personas, pueden dar lugar a tribulaciones tan profundas que cierran los caminos. Y pese a todo, los argentinos tienen que tener la férrea convicción de que hay una salida, lo que no signi­fica que las actuales autoridades tengan la llave o sepan conducir hacia esa salida.
El hecho es que cada vez más gente ve el futuro incier­to. Y razón no le falta porque el año que se comienza a despedir ha sido infausto, sacrificado. Los números gra­fican la situación.
Hace una semana este diario publicó un trabajo de la Fundación Prometeo que salió a las calles de la ciudad de Corrientes a preguntarle a la gente: ¿Cómo cree que estarán económicamente usted y su familia en 2019? Las respuestas de los vecinos en 20 barrios de esta capital di­bujaron un escenario de expectativas pobres. La mayoría se divide en partes casi iguales entre los que creen que van a estar igual y los que consideran que podrían estar mal, peor que ahora. El optimismo está reservado en un nicho muy pequeño, de apenas el 0,7% de los consulta­dos, superado por el segmento de los que tienen opinión formada sobre el futuro individual y colectivo. El 10% de los encuestados no sabe/no contesta.
En la semana que pasó se conoció el trabajo denomi­nado Monitor de Clima Social reali­zado por el Centro de Estudios Me­tropolitanos (CEM), dependiente de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet). El 60% de las personas consulta­das en una encuesta realizada en el Área Metropolitana de Buenos Aires afirmó que su situación económica es “peor o mucho peor” que hace un año.
Los encuestadores indagaron en la zona del país con más bolsones de pobreza sobre variables econó­mica, laboral y alimenticia y realiza­ron una comparación con el mismo trimestre de 2017. El informe detalla que el 49% de las personas consultadas disminuyó las porciones de comidas por falta de poder adquisitivo para comparar alimentos.
El 30% de los consultados dijo haber tenido ham­bre alguna vez en el último año; el 64% afirmó que “no le alcanza el sueldo”; y el 60% sostuvo que su situa­ción económica es “peor o mucho peor” con relación a un año atrás. El informe dice que la crisis de 2018 dejó a alrededor del 60% de la población con una situación socio-económica y laboral preocupante: temor a perder el empleo, empeoramiento económico y disminución del poder de compra. Son datos de la realidad. Es lo que vive hoy la Argentina y no se puede obviar, por eso en este tiempo es indispensable blindar la esperanza. 

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