2018, un año mediocre; 2019, un año sin esperanzas

El año 2018 quedará en el arcón de los olvidos. El peor para la mayoría de la población, que vio reducido su poder adquisitivo en la segunda mitad debido a la escalada inflacionaria, un dólar que se disparó con tasas altísimas, y un contexto internacional desfavorable para las expectativas locales. El tendal de la pobreza se profundizó y perdurará por generaciones.

Solo una tibia respuesta desde el gobierno que corre sin contrincante serio , al menos de una política que sea un contrapeso a tanto descalabro, del cual hoy todos son responsables: la mediocridad ganó por lejos, tal cual lo alertábamos en una columna similar  al comenzar el 2018.

Allí alertaba sobre “la experiencia de veinte años de desencuentros dejó a una generación frustrada, y a otra encaramada en un triunfalismo que ya es pasado. De nada sirvió todo eso, si el resultado es una grieta social cada vez más profunda, con miles de pobres estructurales por un lado, y nuevos ricos con ricos cada vez más ricos, por otro. 2018, un año que no admitirá mediocres

La realidad no ha cambiado.

Aborto,  políticos presos, reforma previsional, reforma laboral, FMI, etc. Etc.

Grietas, más grietas, más grietas, generadas desde la dirigencia política, nos dejó un país sin esperanzas.

El 2019 viene condicionado, sino contagiado por esa ola.

Un año electoral que no nos ofrece nada nuevo. Los mismos personajes de hace cuatro u ocho años. Las mismas caras y las mismas recetas que nos postergan con promesas de soluciones mágicas, de futuro portentoso, y solo nos dejan frustraciones por doquier.

Así se nos presenta este 2019.

La desesperación por retornar a la bonanza pasada y la nostalgia por seguir usufructuándola, moviliza. Pero sin reactivación con valores reales. Mirar el negocio por hacer a corto plazo desde el poder, sigue marcando la impronta.

Los amigos del poder siguen encaramados en los grandes contratos, en las grandes licitaciones, y en los mismos círculos rojos que condicionan políticas.

Eso sí. Llama la atención que los aumentos que expolian permanentemente día tras día a la clase media y trabajadora, son de empresas asociadas a personajes con vinculaciones con el gobierno de turno. De éste y de aquellos. Es decir, la matríz no ha cambiado. Ricos nuevos o ricos viejos, adolecen del mismo pecado e identifican Estado – Poder económico como una sola cosa.

Populismo antes, Neo-liberalismo ahora, son hijos de una misma madre: la codicia de unos pocos por sobre la necesidad de todos.

Un 2019 para una Argentina que mira al campo como única alternativa de reactivación, significa depender de la buena de Dios. Y vaya si lo estamos.

Las perspectivas climáticas con un nuevo Niño que afectará los campos y las cosechas del año que viene no son un muy buen panorama para esa esperanza.

La recaudación de la caja nacional para pagar deuda contraída, con fondos de la exportación, puede naufragar con un par de grandes lluvias que echen a perder desde la siembra a la cosecha.

Quizás ese signo, el de depender de la naturaleza para vivir nos haga despertar a la realidad.

Dicen que un par de malas cosechas en 1954 lograron expulsar al primer peronismo del gobierno y hacer caer un Plan Quinquenal basado en una visión errada de la posguerra.

Hoy, tenemos la perspectiva por adelantado que puede repetir la historia: clima en contra y panorama internacional incierto y cerrado.  Con una gran diferencia: no hay plafond político suficiente para ninguna de las fuerzas que pueden disputarse el mando de la Casa Rosada.

Más allá de las promesas, nadie puede asegurar un cambio en serio sin ofrecer más sacrificios a la población: siempre con el argumento de que es necesario para salir adelante. Eso, en cualquier caso, significa la aplicación lisa y llana de la ideología del “utilitarismo”.

Lo que hay que ver es si este año el pueblo estará para nuevos sacrificios.

Para finalizar, una vieja anécdota: Cuentan que cuando el Rey era “el Estado”, un recaudador de impuestos se le acercó con la nueva propuesta para aumentar la recaudación de impuestos.

El recaudador proponía cobrar más impuestos a los ricos del reino.  Entonces el rey, muy complaciente, viendo la ingenuidad de su subordinado le dijo: “No, mi querido súbdito. A los ricos no. Casi todos son mis amigos y si los enojamos ya no me van a invitar a fiestas, francachelas, bautizos, bodorrios, etc.  Todos ellos y nosotros somos gente bella, y no les podemos hacer eso. Además ¿Cuántos ricos hay en el reino? ¿Cuánto más podríamos recaudar? No, no, no. Eso ni pensarlo. Además, ellos tienen dinero y el poder y se nos pueden marchar a otro reino llevándose todo. Pero te lo agradezco y perdono, porque no tienes el conocimiento que yo tengo”.

Se fue el recaudador, agitado a preparar una nueva propuesta. Cuando se la presentó al rey éste dijo:  “¿A los pobres? Noooooo, mi querido súbdito, tampoco. A esos ¿de dónde les podemos sacar impuestos? Apenas tienen para comer. Además muchos de ellos son pobres por flojos, por ignorantes, por viciosos; nunca saldrán de su pobreza. No, con ellos no te metas. Déjalos como están. Así viven contentos y tranquilos; sin ambiciones. No hay que alborotarlos. Además, son los que votan.”

Entonces el subordinado ya todo desorientado le preguntó al rey: “Entonces, su majestad, oriénteme, ¿Qué me sugiere para poder recaudar más impuestos para la corona?”

 Y el rey le dijo: “Cóbrales más a los de la clase media, a los burgueses, a los profesionales, a los comerciantes, a los académicos, a los científicos, a los músicos, etc.  A esos sí”.

Y el recaudador contestó:

“Pero su majestad, a ellos ya les estamos cobrando impuestos.  A ellos siempre les aumentamos los impuestos. Se van a enojar”.

Y el rey le contestó:

“Es posible, pero la clase media tiene algo que las otras clases no tienen: tienen sueños y ambiciones. Su mayor sueño es ser ricos algún día. Y por lo mismo estudian y estudian; trabajan, y trabajan, y trabajan.”

Y sí, se van a molestar por tener que pagar más impuestos, pero su sueño será superior a su enojo, y por lo mismo van a seguir estudiando y estudiando y estudiando, trabajando y trabajando y trabajando con la ilusión de llegar a ser ricos algún día. Pero tampoco nos conviene que lleguen a ser ricos porque luego, ¿Quién pagaría impuestos? Por esas razones a ellos hay que cobrarles más impuestos.

Recuerda,  los pobres votan , la clase media paga impuestos y los ricos son los dueños de todo lo que tenemos, nos celebran y nos invitan a sus fiestas”.

El recaudador quedó impresionado de la sabiduría y agudeza mental de su majestad, y se fue a cobrar más impuestos a la clase media.

Cualquier coincidencia con la vida real es pura imaginación…

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